jueves, 27 de diciembre de 2012

Nunca escupas al cielo porque te cae en la cara

Y aquí estoy de nuevo. En un lugar distinto, con una vida distinta, con miedos, muchos miedos distintos, pero igual, muchos miedos.

Para empezar, ya sé que los blogs son lo más out de lo out. Justo como yo. Además, no tengo dinero para una terapia, y escribir sólo en word me hace sentir más patética de lo acostumbrado. Y no.

Así que comencemos. El primer conflicto que les contaré, (porque tengo varios, pero creo que éste no es imaginario), se llama, (y como dice mi mamá, ésa misma que cree que el próximo año me caso, sino es que antes): "nunca escupas al cielo porque te cae en la cara". Y así, aquí me veo, con toda mi carita triste, y mis cachetes y todo embarrado de escupitajo. Al menos es mi baba.

Resulta que yo era esa adolescente que creció con muchos muchos pedos, (¿quién no?), pero en cuestión de hombres, (ya sé, tan predecible la vida, los blogs y las broncas), yo era ésa que, si no te quieren, a la chingada. Y yo era ésa que cuando tenía novio era la novia perfecta. Cero pedos, cero dramas, cero celos. Así, tanto que da hueva. Pero la llevaba bien, al menos tenía un escudo autoprotector de desilusiones, rompimientos y esas cosas. Obvio muchas veces había cosas que me cagaban, pero me las callaba, hacía como que nada pasaba, y pasaba.

Pero hace poco más de un año, pasó lo peor que me tenía que pasar. Porque soy idiota, porque un día del que no me acuerdo, seguro que metí la cabeza al horno de microondas y mi cerebro se encogió. Y decidí, por qué no, que sería buena idea darme en la madre. A mis veintitantos, con carrera terminada, trabajo (mal remunerado, pero trabajo a fin de cuentas), independencia, juventud, seguridad, sueños (propios y de nadie más por cumplir), decidí retroceder unos 6 años al pasado. Decidí volverme a enamorar de mi ex. Ése al que me costó los dos huevos que dios no me dio superar, el que me mintió, me puso el cuerno. Al que perdoné y que por fin lográbamos llevar una amistad simpaticona. Y pues aquí estoy, sin rumbo, con chingos de miedos e inseguridades. Sintiéndome sola, pendeja y fea. Cansada de no decir nada, de no poder contar nada porque me sentiría más pendeja.

Porque el tipito sigue ahí. Porque muchas veces lo he intentado echar, y no me va tan mal, días depres, una que otra lagrimilla, pero, la vida sigue. Hasta que aparece de nuevo. Con sus chantajes, con sus palabras, que sean dulces o amargas, me las trago toditas, envueltas en tortilla. Porque siento que es el amor de mi vida, y después entiendo que eso no es amor. Es tan difícil cuando idealizas una relación que nunca tuvo sentido. Y ahora yo soy la pendeja, no la que pendejea. Porque mis amigas ya crecieron, ya vivieron la etapa asquerosa de relaciones violentas, enfermas y destructivas. Y yo, como los cangrejos...

Y no sé qué diablos hacer. Bueno, sí sé. La idea es sentarme y decirle, mirándole a la cara y con los huevos bien apretados: "Esto no está bien, esto no funciona. Yo no puedo amar a alguien que me hace sentir tan miserable, tan fea, tan pendeja, tan poco valiosa. Alguien que le cagan y recagan en la madre mis gustos. Alguien egoísta, mentiroso. Alguien chantajista, abusivo. No puedo." Porque, aparte, creo que lo amo, pero... ¡es que eso no es amor! En un año, yo he sido la mala, siempre me voltea las cosas. Y si doy argumentos, entonces se pone de víctima y sí, él tiene la culpa de todo y yo soy perfecta y me hace sentir igual de cucaracha.

Sé que no puedo, pero menos puedo no poder. Se ha metido con mis amigos, mi familia, mis elecciones. No soy feliz, seguro él tampoco. Entonces, ¿por qué es tan difícil cortar?

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